¿Padres y madres espirituales? ¿Verdad o apostasía?

Un tema que se viene imponiendo dentro del evangelio, son los títulos:
apóstoles, profetas, patriarcas, doctores, licenciados, reverendos, etc.“, que no se detiene solo en “la chapa”, sino en la búsqueda del enaltecimiento sobre los demás, porque después aparece la “necesidad” de estar “bajo cobertura” de uno de estos auto nombrados, si eres un pastor simplemente, “necesitas estar bajo cobertura de un Apóstol o profeta” (¿¿¿???).

Y lo peor es que se la han “creído” (que tienen cierta autoridad superior) hasta algunos se auto convencieron, que son “apóstoles” levantados sobre ciudades y Estados.
Para completar, también hoy, llegamos al punto, de que algunos pastores se hacen llamar “padres” o “madres” , ¿esto es correcto?

Tenemos la tradición religiosa casi ancestral, dentro de la Iglesia Romana, de llamar “padre” al sacerdote, ahora está entrando esta costumbre, en las Iglesias cristianas evangélicas.

Si bien es cierto que Pablo habla sobre la paternidad espiritual a los Corintios:
“Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del Evangelio” (1 Corintios 4:15).

Esto encierra cierto grado de verdad, alguien nos predicó, nos enseñó, nos alimentó espiritualmente (nos engendró) y cada hijo de Dios reconocerá ese “padre espiritual”, todos tenemos uno, aunque como en lo biológico, hay padres llamados “del corazón” (que son los que protegen, proveen, crían y que muchas veces no lo son en la sangre) y están los meramente biológicos, que depositaron su esperma en un útero, padres ausentes, desentendidos, desamorados, abandónicos.

En lo espiritual se da el mismo fenómeno, alguno nos predicó (depositó la semilla) pero muchas veces fue otro, el que nos crió.

Pablo lo daba a entender en el texto referido. “aunque tengáis diez mil ayos (el “ayo” era un esclavo encargado, de llevar y traer al niño de la escuela) no tendréis muchos padres…
¿Padre? sea el biológico o el del corazón casi siempre es uno solo, y la palabra “engendrar” no se debe tomar en el sentido de procrear, sino que este texto significa: formar, instruir, dar forma, causar.

Es el mismo término que usa Pablo en Filemón 10:
“Te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones”…(Por cierto que no era hijo biológico).

Y es el mismo utilizado en 1 Timoteo 2:15
“Pero se salvará (la mujer) engendrando hijos, si permaneciere en la fe, amor y santificación, con modestia”

Quiere decir que no necesita ser una misionera, evangelista o “pastora”, su tarea como madre, formando, criando, educando sus hijos y su fidelidad son suficientes. (algunos mal interpretaron este texto, y enseñan que la mujer “engendrando hijos”, será salva, pobres mujeres que les hacen vivir embarazadas toda su vida útil).

Volviendo al tema, una cosa es reconocer una “paternidad espiritual” lógica, y otra cosa es la costumbre de llamar “Padre” o “Madre” a alguien, por ser nuestro mentor, o pastor, esto no está permitido y fue Jesús quien lo dijo claramente:

“Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. El que es mayor de vosotros, sea vuestro siervo: Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” (Mateo 23: 9-12)

¿Por que está enseñanza o prohibición de llamar a nadie como “padre” o “maestro”? los contextos lo aclaran (verso 12) porque son títulos para el enaltecimiento, para alimentar el ego, la soberbia, aquellos religiosos fariseos amaban el reconocimiento de sus pares, ser llamados “maestros”, como los que se hacen llamar “apóstoles”, “reverendos”, “profetas”, “patriarcas”, no les satisface ser llamados siervos, no les alcanza que le digan pastor, es entonces que aparecen estos tipos de “credenciales”, el ego se alimenta de los demás, quien se enaltece siempre lo hace sobre otros, por eso nosotros tenemos parte en la aparición de tantos “reverendos” en la escena evangélica, una cosa es honrar a los siervos del Señor por causa de su labor:

“Y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra…” (1 Tesalonicenses 5:12-13)
Y otra cosa es alimentarles la vanagloria tratándolos como “dioses”, reverenciándoles con honores casi idólatra.

No llames “padre”, ni “madre” ( a no ser que sea tu progenitor/a), ni “apóstol”, ( a no ser que sea uno de los doce), ni “reverendo”, o “patriarca”, ni “doctor” ( a no ser que sea tu abogado o médico), no le llames “pastora” ( a la esposa de tu pastor, no lo es)¿Y como le llamo entonces? Hermana María, hermana Ana, hermana Marta, hermana Cristina, o como se llame, ¿a tu Pastor? Hermano Pastor, no le digas: “mi siervo”, no es tu siervo, es siervo de Dios.

Autor: Pastor Sergio Gebel